24 de diciembre de 2019

CULMINACIÓN DE LA NAVIDAD CON LA MIRADA DE PERRO


SAN BERNARDO - Tirando en la cama escucho música, miro el techo y las cortinas, y todos corren allá afuera.

La gente consume sidras, panes dulces, turrones, carnes. Hablan sobre la paz, la felicidad y el amor, lo difunden,  lo siembran y bla, bla, bla… Y eso cada vez existe menos...

Las amistades y los familiares se ubican en diferentes ciudades, pienso en sus rostros y les deseo lo mejor como si de una oración se tratara.

Los cohetes estallan, hace días que los perros ladran, lloran y tienen esa mirada que ya sabes…

 

Y yo estoy aquí adentro, pero si lo pienso bien es increíble que aún este. En aquellos años la autodestrucción no supo empujarme del borde. Recuerdo caminar por los centros de las ciudades preguntándome si algo de todo lo que veía algún día sería distinto, si algo valía la pena.

Ahora cuando recorro por las veredas, a veces me detengo, me miro en alguna vidriera y me digo "euuu, todavía no hay un sentido, pero existen otras presencias quebradas que merecen un abrazo para juntar sus partes y eso es algo para seguir".

 

Y es muy agradable estar tirado en la cama, relajado, oyendo el ritmo de una batería, y es desagradable escuchar al mundo cuando la música se detiene, parece como si allá afuera entre murmullos, cohetes y expectativas se enredara algo.

Y me parece excesiva la navidad, sus adornos, su estúpido consumo, sus perversos estruendos, y sus vestimentas para maravillar a otros.

 

Luego es el turno inevitable del brindis con sonrisas  artificiales y copas golpeándose…

Todo eso pasa allá afuera, por eso es confortable estar adentro, disfrutar de esta paz y felicidad que no la publicita la navidad, sino que es mía como las alpargatas que están debajo la cama.

 

Suena la música, ahora es un blues. Navidad culminará. Y allá afuera también terminaran los buenos augurios y todo seguirá enredándose, ¿Quién desatará ese lio?

Espero mis amistades y mi familia no se anuden.

 

Tantos reveses, desgracias, fracasos. Todo el tiempo perdido, los desequilibrios emocionales y las veces que la ansiedad tapó los ojos a la cordura han sido momentos difíciles, algunos fueron golpes duros, quizás necesarios, donde quise tirar todo, abandonar y desistir pero estoy todavía aquí, acomodándome el cabello tras la aporreada y sonriendo.

Ha sido una linda pelea, camino como un ganador en medio de tanta derrota.

Estoy respirando y eso es un milagro.

Y cuando culmine navidad con sus explosiones, su peste polvorienta, sus ebrios de cotillón y deseos de cartón. Me levantaré a ver a mis perros, los sacaré afuera, a la vereda, las luces cobrizas dibujaran el perfil de cada uno, llenaran nuestros ojos de brillo y los cuatro veremos hacia la ciudad con la misma mirada, esa mirada que vos entendes perfectamente y muchas veces la usas  cuando nadie te ve.  

 

 

Mauro Sebastián Martinez

 

 

 

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios