Hoy el mundo despide al Papa Francisco, y sentimos que se va una parte de nuestra argentinidad.
Fue un hombre que, desde lo más alto de la Iglesia, nunca dejó de hablarle a los jóvenes, a los que luchan, a los que sueñan con un futuro mejor.
Su mensaje de pan, techo y trabajo no era solo una consigna: era una forma de abrazar a los que menos tienen, de decirles que no están solos.
Desde San Bernardo, elevamos una oración por su alma y agradecemos su legado eterno. Que su palabra siga guiando nuestros pasos.


