Hoy la UCR está cumpliendo 135 años de su fundación. Una larga lista de próceres y ejemplos de conducta han pasado por nuestra historia nacional: Alem, Yrigoyen, Illia y, por supuesto, el más gigante de nuestra historia contemporánea, Raúl Alfonsín.
Pero sin irnos tan lejos, acá en Villa Ángela tenemos y tuvimos grandes ejemplos para destacar. En mis pocos años de vida, me di cuenta de que la política muchas veces es ingrata, y tal parece que los radicales lo somos todavía más, porque tendemos a olvidarnos rápido de quienes militaron incansablemente por la causa que abrazamos. Por eso, quiero hacer mención de algunos correligionarios que ya no estan con los que tuve el inmenso honor de compartir: Cachilo Serruya, Antonio Barrionuevo, José «Chori» Leguizamón, y a quien quiero recordar hoy de manera muy especial, al amigo Oreste Alegre, que nos dejó hace poco.
Oreste era un radical único. Respiraba y vivía el radicalismo de una manera casi religiosa. Como dijo Leandro N. Alem: “La Unión Cívica Radical es la religión civil del pueblo”, y Oreste un correligionario con todas las letras. En los tiempos dorados —cuando el comité estaba abierto todos los días— él casi que vivía más ahí que en su propia casa. Mi papá siempre me contaba que, cuando se levantó la proscripción de la dictadura, Oreste ya estaba en el comité, barriendo la vereda.
Hay una anécdota suya: decían que Oreste «no servía ni para robar». Un domingo de elecciones, cuando las mesas ya habían cerrado, los que estaban en el aula —incluyendo al oficial de policía— salieron un momento y lo dejaron solo, cuidando la urna. Cuando volvieron, la urna estaba intacta, exactamente tal cual la habían dejado. ¿Cómo corroborarlo? En esa mesa perdimos por paliza. Era incapaz de tocar un solo voto, su honestidad era inquebrantable.
Oreste era un radical intransigente. Cuando algo iba en contra de sus convicciones, se levantaba y se iba; no negociaba. Muchos lo habrán considerado un loco, pero ese «loco» era el repositorio doctrinario de la UCR en Villa Ángela y el verdadero guardián de la historia de nuestro partido en la ciudad. Pareciera que, con su partida, gran parte de esa mística se hubiese ido con él.


En tiempos donde abundan oportunistas en el partido, gente que sólo está para sacarle un rédito de los cargos. Una prueba eficaz para corroborar que tan radicales son y de cuánto tiempo es preguntarle si conocieron a Oreste y cuántas caminatas barriales hicieron con él.
Nuestro amigo se ha ido, así como muchos correligionarios a lo largo de estos años. «Quedamos pocos», pero no todo está perdido, cuando me tocó despedirlo dije que el mejor homenaje que podemos hacerle es seguir su ejemplo, tanto partidaria como humanamente, porque tanto los compañeros justicialistas como las personas que lo conocieron dan testimonio de su calidad como persona, y lo sigo sosteniendo.
No perdamos nuestra historia, no dejemos en el olvido quienes han dado su vida y su patrimonio para el beneficio de una causa de las que no sacarían rédito para ellos, sino para toda la ciudadanía. No perdamos nuestra identidad vendiendonos por sacar tres o cuatro votos. Defendamos nuestra querida unión Cívica Radical así como lo han hecho Oreste y muchos otros más en el pasado. Como dijo Alem en sus últimas palabras: «¡adelante los que quedan! ¡Que se rompa, pero que no se doble!»
Feliz 135 años querida Unión Cívica Radical, y mis saludos a todos los correligionarios en este día.
José Luis Suarez



