¿Cuántas veces pasamos por una ciudad pensando solo en plazas y calles? Rosario guarda algo más que su costanera y monumentos. Al otro lado del río, en apenas 15 minutos de lancha, existe un mundo diferente donde la naturaleza se impone con fuerza: las islas entrerrianas que forman parte del Delta del Paraná.
Un laberinto verde frente a la ciudad
Esas islas que se ven desde la costa rosarina integran una ecorregión de 5.600.000 hectáreas de humedales que conforman un corredor biológico donde conviven especies del Chaco y la Selva Paranaense. La presencia permanente del agua genera efectos climáticos locales particulares: alta humedad ambiente y temperaturas más estables que atemperan tanto el calor del verano como el frío del invierno.
Lo interesante es que toda esta zona forma parte del Sistema de Humedales Paraguay-Paraná, considerado el corredor de humedales más importante del mundo. Se extiende desde el Pantanal de Mato Grosso en Brasil hasta el Río de la Plata. Para quienes quieren conocer este paisaje sin alejarse mucho de Buenos Aires o la zona centro, conseguir pasajes en micros a Rosario resulta práctico. La ciudad funciona como base perfecta para explorar estas islas.
Cruzar el río: más fácil de lo que parece
Desde el centro de Rosario, específicamente desde la Terminal Fluvial ubicada a pasos del Monumento a la Bandera, salen cruces regulares hacia la isla El Banquito. Más al norte, los embarcaderos de Rambla Catalunya y Costa Alta conectan con la isla La Invernada y el famoso Paraná Viejo.
El Paraná Viejo es un riacho que queda detrás de La Invernada. Para llegar hay que cruzar el canal principal y bordear el puente Rosario-Victoria, unos 20 minutos de navegación tranquila. Ahí esperan paradores rústicos con playas de arena, restaurantes que cocinan pescados de río y ese silencio que solo se consigue alejándose del ruido urbano.
Más que playas: un ecosistema completo
La mayor parte de las islas están ocupadas por pajonales y comunidades de plantas acuáticas. En los puntos más altos crecen bosques higrófilos con especies subtropicales. Los carpinchos son habitantes habituales de estos humedales, junto con yabirúes, garzas y una variedad de aves que encuentran en los esteros el lugar perfecto para reproducirse.
Los paseos en lancha son una opción clásica. Varias empresas ofrecen recorridos de hora y media por los riachos interiores donde se pueden ver especies que difícilmente aparecen en otros lugares. Para los más aventureros existen propuestas de kayak que permiten meterse en riachos angostos donde las lanchas no llegan.
Un espacio que necesita cuidado
En 2015 llegó una designación importante: 240.000 hectáreas del Delta pasaron a ser Sitio Ramsar, que básicamente significa protección internacional. La idea detrás de esto era cuidar un corredor que hace cosas clave para la región – controla cómo fluye el agua del río, frena las inundaciones cuando vienen crecidas y mantiene viva una cantidad enorme de especies.
Pero: la cosa no es tan simple. Los ecosistemas isleños vienen recibiendo cada vez más presión. Por un lado tenés proyectos inmobiliarios que avanzan, plantaciones forestales que modifican el paisaje natural, y los incendios -esos que aparecen cuando hay sequía y arrasan todo-. Varias organizaciones que se dedican al tema ambiental están buscando la forma de que cuidar la naturaleza y permitir actividades económicas no terminen siendo enemigos, sino que convivan de alguna manera que funcione para todos.
Rosario ofrece esa combinación poco frecuente: una ciudad activa junto a un entorno natural potente a pocos minutos. Las islas están ahí, esperando a quienes se animen a cruzar el río y adentrarse en ese laberinto verde donde la naturaleza todavía marca el ritmo de las cosas.


