Villa Ángela-El amanecer en la ciudad hoy tiene un ritmo particular, porque no se hará eco de ese sonido que se ha vuelto cada vez más tenue: el roce del papel doblado al deslizarse bajo una puerta. Pues hoy no se imprimió el diario porque es el día del canillita.
En un país donde el oficio del canillita parece una postal descolorida de otra época, existe una resistencia tangible en las calles, encarnada en la figura de don Tito García.
Tito no solo reparte periódicos; reparte la memoria de un oficio que fue columna vertebral de la información de una época. Su trayectoria, que se extiende por más de medio siglo, es un testimonio vivo de la evolución (y la contracción) del consumo mediático en Argentina.
Para entender la magnitud de su labor es necesario viajar a sus inicios. Apenas a los doce años, Tito se sumó al equipo bajo el ala de un periodista gigante: Pedro Capskaukas. Fue así que comenzó distribuyendo para Diario Norte. Él y una docena de jóvenes más conformaban la primera línea de fuego informativa de la ciudad.
«Era la época dorada», recuerda Tito, aunque su relato no sea de nostalgia, sino de hechos concretos. El periódico no era un lujo; era la herramienta esencial donde se posicionaban los temas centrales de la agenda pública. Hasta el día de hoy, aunque con menor peso, es en el diario donde se forjan los títulos principales, aquellos que marcan el debate. Históricamente, esta primacía generaba una formación de opinión masiva y que influía directamente en el discurso y los temas que debían ser tratados en las radios.
Ese trabajo, humilde en apariencia, fue la base de la estabilidad de este hombre. Quien con el fruto de esos repartos Tito asegura que pudo sostener a su familia, brindar educación a sus hijos y adquirir bienes como un automóvil y una motocicleta. De este modo se evidencia cómo el oficio de canillita, en su apogeo, era un motor de movilidad social.
Hoy, en pleno 2025, el panorama es radicalmente distinto. La transición del papel al píxel ha sido más un tsunami que una ola. Los miles de ejemplares que antaño inundaban las calles de Villa Ángela se han reducido a mera centena. La pregunta que resuena en la agencia con curiosidad, es: ¿Sigue saliendo el diario impreso?
A lo que Tito responde con su rutina inalterable. Su persistencia lo sitúa en una posición casi anacrónica, una imagen que pareciera completamente arcaica, como si fuera sacada de otro década. Mientras gran parte de la población consume titulares fugaces en dispositivos móviles, él se aferra a la defensa de la materialidad del periódico.
Sin embargo, la marea está cambiando lentamente… En esta nueva década, se observa una tendencia creciente hacia lo analógico. Ya que se ha vuelto inminente la toma de conciencia sobre los efectos contraproducentes y severos del contacto excesivo con las pantallas lo cual está impulsando un retorno a formatos más pausados. Curiosamente, quienes más aprovechan esta reconexión con el papel impreso son, a menudo, las personas de la tercera edad. Para este sector, que puede tener una relación más distante con la tecnología, el diario no es solo información; es una remembranza tangible de los buenos tiempos y, además, una práctica que agiliza la actividad cognitiva cuando tal vez ya se está deteriorando. El acto de pasar la página, enfocar la vista en el texto impreso y procesar la información de manera lineal es un ejercicio mental que aporta científicamente salud mental.
Este redescubrimiento revaloriza el servicio de Tito. El periódico que él entrega no es un objeto obsoleto, sino una herramienta de bienestar para la comunidad.
Sin embargo, ese oficio, que una vez garantizó un sustento digno, hoy lucha por mantenerse a flote contra la economía digital. Los ingresos, como se observa, pueden ser escasos. Aún así, Tito García, con su rutina de casi 50 años, asegura que muchas familias villangelenses sigan accediendo a este formato.
Este acceso a la información en papel reivindica la idea, a menudo debatida, de que «todo tiempo pasado fue mejor», al menos en la calidad de la inmersión lectora contra las múltiples afecciones que provoca la lectura digital.
En consecuencia aquí radica su importancia en la actualidad, para lo cual es menester educar en las escuelas y en los diferentes niveles educativos, sobre cómo el diario sigue siendo un espacio fundamental**: no solo como termómetro de la opinión y de las luchas de poderes, sino también como representación de clases sociales, como un medio tangible para el analisis y el aprendizaje de la historia, de la publicidad, la estructura narrativa y la literatura.
Entre misceláneas el sol se eleva sobre Villa Ángela y el sonido del periódico bajo la puerta sigue siendo la firma de un hombre que, a pesar de todo, se niega a dejar que la historia impresa llegue a su final. Su legado no está solo en los diarios que vendió, sino en la dignidad que ha mantenido en esa constante entrega que casi nadie supo valorar.
Por Carla Fabiana López
Villa Ángela (Agencia)
7 de Noviembre de 2025


