Cuando en la vertiginosidad de las cosas cotidianas entra el mensaje fatal, “se fue Pedrito”, comienza ese baldazo de agua fría que recorre todo el cuerpo, porque se cae la teoría que somos eternos.

Se murió, no hay otra palabra que ablande ni deje de doler, se nos murió Pedro Capskauskas, amigo entrañable, de caminos, de noticias, de sindicato, de puteadas por las injusticias, hasta de helados, porque juntos hicimos muchas cosas, pero la más importante que destaco en él, fue su capacidad de ser patriarca y marcar terreno con la sola presencia.

Desesperado por sus hijos, derretido por sus nietos, guardián de acero de su familia, consejero como pocos, un tipo inteligente, de calle, de prensa, realmente una perdida enorme. Mi padrino y la causa que hace 27 años estemos juntos en la familia de NORTE, mi querido gordo, a quien le debo muchas cosas que no se compran con plata.

Que tristeza enorme saber que no hay vuelta, escuchar los partes pasados por su hija Dani “está mejorando levemente”, haciendo que todos recobremos la esperanza, porque el tipo no se iba a ir así nomás, él no es de esos. Que semana más fea la de su internación, que noticia más triste la del final.

Cuando tenés una amistad de 30 años, no se puede encerrar las vivencias en una sola despedida, cuando el aluvión de recuerdos, confidencias, intimidades, muchas horas de charla, de aprender, de discutir, vienen de golpe, el pecho entra a doler y el proceso de soltar es el que cuesta.

Querido gordo, querido Pedro, caminando lento con ese dejo de inclinarte hacia la izquierda, las manos giradas hacia adentro de modo tal que las palmas miraban para afuera, la voz ronca y cuando te querían pasar, salía el porteño de San Martín, de las hilanderías, de “chaca”, y lucía en la charla tu calle caminada.

Pedro querido, que triste despedirte mi hermano, no me olvido tu lágrima en mi terapia intensiva, no me olvido nada de lo que vivimos, y es claro que nunca, pero nunca más serán iguales los encuentros de corresponsales, ni las reuniones de amigos donde éramos los más viejos, pero una cosa salva el dolor, Pedrito, no quedo abrazo sin darnos, no quedo nada que saldar entre nosotros, lo que hubiese sido insoportable.

Se fue mi amigo, corresponsal de NORTE Villa Ángela, el Señor Pedro Capskauskas,  ojala pueda seguir honrando la amistad y el cariño recibido, que gusto haberte tenido como parte importante de mi vida y seguir honrando aquella vez que con el “Nelo” Gagliardone entraste a mi casa y le dijiste, “este es mi muchacho del que te hable”.

Buen viaje mi hermano, hasta el reencuentro.

Boris Baluk

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